4.6.05

Texto con consigna propia: Palabras ligadas por la misma letra inicial

CUENTO CON CONSIGNA CREATIVA

En ese entonces todos teníamos tanto trabajo que quizás, posiblemente,
podríamos haber hecho
historia. Villa Volcán era especialmente bella, brillante. La luz,
silenciosa, se esparcía en cada casa,
inundando intangiblemente cada cuarto, cada rincón. Rogábamos que quien en
ese entonces
gobernaba gloriosamente nuestro nido, no dejara de hacerlo. Hans Hermann
era excelente, único.
Un dictador divino, nato, natural, que quería conquistar cada país, pero
sólo se conformaba con estar
en el poder, pavoneándose, presionando por diezmos, dictando órdenes, o bien
buscando
inmortalidad indefectiblemente. No nos parecía perversa aquella autoridad,
mientras mantuviera
cierta coherencia. Fuimos felices. No nos faltaban facilidades; teníamos
trabajo, disfrutábamos del
dinero, conseguíamos comida (preferentemente papa, legumbre) lo
suficientemente sabrosa. Cada
cuatrimestre celebrábamos con orgullo. Organizábamos fiestas, festejábamos
bailando borrachos,
tomando tinto toda la lujuriosa noche. Nos golpeábamos, gritábamos “¡Viva
Villa Volcán! ¡Viva Hans
Hermann!”
Súbitamente, sin aviso alguno, todo terminó. Hans Hermann murió
misteriosamente y ya no nos
salvó siquiera esa estatua del dictador, que quiso que le levantáramos.
Llegó la libre decisión
democracia dijeron – llegaron las estúpidas elecciones. Entonces aparecieron
algunos hombres
honrados postulándose para presidente. Por goleada ganó un único partido
político, resultando
rotundamente victorioso. Votamos mal me parece, pero otra opción no nos
quedó que quedarnos
con cualquiera entre esos cochinos candidatos. Ninguno nos satisfacía
realmente, recordábamos al
apuesto Hans Hermann. El empleo escaseó. El status social decayó
dolorosamente. Aparecieron
algunos saqueos, surgieron espantosas enfermedades. Entonces emigramos.
Villa Volcán desapareció
del mapa.
Muchos meses más tarde, todavía añoramos aquellas entrañables épocas
de días perfectos. Por
ahora aún continuamos celebrando cada cuatro meses – meses más, meses menos
– nuestros
nítidos recuerdos del dictador, desgraciadamente robados por políticos. Pero
podemos afirmarlo,algún día, desde donde sea, surgirá nuestro nuevo guía.
Gobernará con completa omnipotencia, orde
nará quehaceres que traerán totalitaria felicidad. Fin.

Escribe: Ezequiel Damian de Mareco. Mercis.