Sólo verbos de la primera conjugación
Golpe maestro
Alejandro J. Cura
Pasaban los días y no parabamos de gozar. Todo el día cantando, toda la noche bailando. Descansábamos apenas unos instantes tirados en la playa de la isla y seguíamos sin saltearnos una sola noche. Atrás quedaban los días en que estábamos encerrados en esa fría jaula metálica. Atrás quedaba el recuerdo de nuestro amo que nos alimentaba con esas criaturitas peludas y tiernas que tanto nos gustaban.
¡Cómo adorabamos a nuestro amo! Cómo amabamos su estatura, su ingenio, sus otras creaciones. Disfrutábamos cuando nos alimentaba, cuando nos gritaba...
Que sorpresa fue para él cuando olvidó la jaula mal cerrada y descubrimos, mientras enrollábamos nuestros tentáculos viscosos en torno a su cuerpo, que su áspera piel ocultaba una carne tan tierna como la de las criaturitas peludas.
(Basado en una canción de J. L. de Meyer)
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