14.6.05

Osvaldo, el cadete

Soy cadete. Mi día ha sido muy típico. Soy cadete del Circuito KDT. Mi día ha sido el más típico de mis días. No sé por qué lo repito. Es que quizás no tenga ganas de comenzar mi día. Ser cadete no es cosa de todos los días, salvo para mí. Mi trabajo es arduo. Tengo que llevar cosas del Circuito KDT a otros lugares; en general me envían al microcentro.

Nunca sé qué es lo que llevo. Es decir, llevo sobres, pero siempre sobra la desinformación acerca de los sobres. Me expresé mal. Soy cadete, no soy guionista de telenovelas. Ser cadete me habilita a expresarme mal. Lo que quería decir recién es que jamás tengo idea de qué es lo que llevo dentro de los sobres, de cuál es el contenido de los sobres.

Quizás tienen, qué se yo, fotos porno, suponete. Ponele, qué se yo. No tengo ni la menor idea, ni la mayor idea, ni fa sostenido idea. Pero supongo que no deben ser fotos porno. Supongo. Para qué se las pasarían en sobres, si las pueden escanear y enviarlas por email, ¿no? Llegan más rápido así. Quizás envían pedofilia; no, me expresé mal: fotos porno que satisfacen al pedofílico, porque está difícil últimamente esto de utilizar internet para enviarlas. Es muy complicado ese tema. El de la paidofilia. Muy complejo.

Lo que no es complejo es lo siguiente: uso la bici para transportarme. Sí. El Circuito KDT jamás me podría dar una moto. Me hacen pedalear. Igual me gusta, me encanta, porque es limpia, super limpia, es sana, no hace ruido. El universo se siente bien, requete bien, gracias a que yo soy cadete y puedo andar en bicicleta, ¿no? Puedo andar en bicicleta y efectivamente lo hago, sí. Mis días típicos de cadete le hacen bien a la vida de los demás. No contamino a nadie.

Mi bicicleta está poco típica, sin embargo. Sí. Se ha deshabitualizado. Hace un ruido insoportable cada vez que doy una vuelta completa con el pedal. Pero nadie más lo escucha, eh.

Sin embargo, bici atípica no implica día atípico. No quiere decir eso. Como ya lo dije, mi día ha sido absolutamente, totalmente atípico; espero que algún día, por ejemplo, me roben la bicicleta, por ejemplo. Podría pedir otra y me divertiría mucho. Quizás en algún momento el Circuito KDT se quede sin bicicletas para prestarme, no sé. Ese es el límite. Hasta ahí. Ahí ya no me pueden robar más bicicletas. Si me roban pierdo yo.

El problema radica, principalmente, en que jamás me dieron una cadena, o un candado, o alguna de esas cosas que te permiten atar la bici. Es un bajón, básicamente porque de algún modo me siento incompleto, y proclive a que me roben la bici cuando haya que dejar un sobre en un edificio, suponete, por ejemplo. Me siento expuesto, y no me gusta. Pero precisamente el problema es que a mí jamás me pasó que me robaran la bicicleta, ni estando yo encima ni habiéndola dejado en alguna parte de la vereda. Quiero pedirle otra bicicleta al Circuito KDT, una que no chirríe.

Quiero ser cadete de bicicleta en Holanda, en Amsterdam. Eso quiero también. Ahí está lleno de bicis, y son todas viejas, y nadie se las roba. Nadie jamás nunca. A quién le importa una bicicleta. Y todas hacen ruido. Acá, en cambio, a todos les roban bicis, y yo siempre dejo la bici así, sin atarla, sin cadena, y la dejo con miedo, pensando que cuando vuelva me voy a quedar sin bici. Igual me dan otra bici, ya lo dije. Pero el miedo está cada vez que yo la dejo ahí reposando al sol. En Amsterdam no deben tener mucho sol, pero quizás tengan, no sé, demasiado frío, quizás te podés resbalar por el hielo, qué se yo. Quizás hasta no existan los cadetes. Todo lo deben hacer por internet, por e-mail. Salvo que tengan que llevar un paquete.

Pero los cadetes no llevan paquetes, porque no te entran en ninguna parte. Los de moto sí, porque tienen una heladerita que está buenísima, y entra bocha de cosas. Pero yo no puedo tener una moto -ya lo dije-, y además no sé usar moto. No sé manejarlas, ni tengo licencia. Y sacar el registro es un bardo, igual. El universo no está del lado de las motos, además. Yo me dejo guiar por el universo. Por eso decidí hacerme cadete y tener días típicos de cadete. Y no de guionista de telenovelas.

Martín Hartmann