4.6.05

MERCADO DE RECUERDOS

MERCADO DE RECUERDOS

 

MARIO KALER

 

 

No recuerdo bien si fue en el otoño del 40 o del 57, tampoco recuerdo si fue otoño o verano.

Noción del tiempo nunca tuve, algo que se agrava con el correr de los años y luego de una larga vida aún hoy no me perdono.

Normalmente fijaba bien los cuerpos, sus detalles, sus características, pero ahora irremediablemente se disipan, se esfuman, se vuelven a mezclar y adquieren una naturaleza e identidad propia que la hace única e irreconocible a la vez, juegos del tiempo con la que me traiciono.

Noctámbulo y desesperado recorro la Avenida Corrientes en busca de ese recuerdo, ese instante de goce que esta ubicado en esa calle, solo falta rescatarlo de esa región de mi mente en donde se agazapa como un caballo troyano.

Noche tras noche lo he intentado sin fortuna, solo consigo que lleguen a mi mente olores, mezcla de rosas, de claveles de azahares y de durazno.

Nostalgia es la palabra que reúne todas esas fragancias, pero ¿nostalgia de que? , de algo  romántico y pagano.

No renuncio y en esa búsqueda de la no renuncia lo encuentro, distinto para mí, el otrora mercado de las flores destruido, convertido, como se convertía la gente para no ser reconocida a primera mano.

Notable, sobresaliente y excesivo me pareció ahora ese edificio, pero ahí dentro lo perdido, lo borroso, lo desdibujado se alineaba detrás de antiguos olores y fragancias y se hacía más y más nítido y sin saber aun porque, me sentía dentro de ese lugar como alguien profano.

Noté una vez dentro que podían simular fachadas, erigir grandes columnas, pero jamás de los jamases podrían enterrar sus fragancias, se que ahí mismo parado estuve decenas o cientos de veces, donde  las madrugadas me encontraban irremediablemente comprando una rosa blanca, pero aquel instante rayano con la felicidad dejaba paso a este instante y siento que el esfuerzo es en vano.

Novia, prometida, esposa, amante, ¿a quién? , por favor …no me atormentes más, necesito que emerjas de una vez por todas de estas tinieblas y acabes con esta locura y este desenfreno.

Nombre, un nombre, para salvar a este viejo de la niebla del olvido, necesito ese nombre no por amor ni en nombre del amor, sino para darle un cuerpo a ese amor ya que peor que no haber amado es no poder recordarlo, no.