11.6.05

Héroe nocturno (Extracurricular)

Aquella noche lluviosa el jefe de policía preparó la señal de luz. Al
instante apareció desde un rascacielos, el superhéroe enmascarado junto a su
ayudante.
- ¿Qué sucede, jefe? - preguntó.
- Qué suerte que llegaste, Batman, ¡ha ocurrido algo terrible!
- Cálmese por favor y dígame qué sucede.
- La joya "Glaciar" – respondió con un tono más apaciguado - ha sido robada.
- ¡Santos caballos! - exclamó Robin exaltado - ya he dicho que la galería no
estaba bien cuidada.
- Efectivamente - lo estimuló Batman.- Esto debe ser seguramente obra de
Gatúbela. No perdamos tiempo, vamos.
Ambos combatientes privados del crimen - tanto por su carácter independiente
como por su condición no criminal - lanzaron sus arpones en forma de
murciélago y partieron colgados de sus sogas.
- ¡Suerte! - pudo llegar a decirles el jefe antes de que desaparecieran
entre los góticos edificios. - Suerte.- dijo finalmente casi para sí mismo.
Entonces llegó el comisionado. Parecía preocupado. Limpió el sudor de su
frente con un pañuelo que tomó del bolsillo de su saco.
- ¿Lo has llamado ya? - preguntó sobresaltado.
- Sí, quédese tranquilo, ya lo hice - lo tranquilizó el oficial - en este
momento ya debe estar atrapando al criminal. O mejor dicho a "la" criminal
según sugirió. Al parecer se trata de la mujer felina.
- Y me pregunto, ¿cómo fue que llegó a esa conclusión?
- No lo sé, debe tener algún tipo de poder mental que desconocemos. A menos
que exista algún tipo de... romance entre ellos, tal vez se trate sólo de
alguna química sexual.
En ese momento aparecieron tres señoras elegantes que parecían venir de una
fiesta o algo parecido. Alarmadas, preguntaron:
- ¿Qué sucede? ¿Alguna nueva fechoría?
- Sí - afirmaron ambos - Pero no se preocupen, ya estamos tras la pista del
ladrón.
- ¿Ladrón?
- Sí, han robado la valiosa joya.
- ¡Horror! - calificó la situación la más anciana de las tres – en mi
opinión deberían llamar a Batman, él podrá resolver este embrollo.
- Sí, Batman - refunfuñó el jefe al notar su inutilidad - Ya lo hemos hecho.
- Menos mal - se aliviaron las tres simultáneamente.
La conversación fue interrumpida por un auto corriendo a excesiva velocidad.
Por poco no atropelló a una de las distinguidas damas. Sin importarle la
presencia de la policía o el casi ocurrido accidente, el conductor continuó
su recorrido sin sacar su pie del acelerador.
- ¡Por Dios! Suerte para él que no está Batman. Él lo hubiera detenido de
inmediato, se merece una lección.
Antes que el jefe pudiera exigirle que dejara de echarle en cara la
importancia
del superhéroe, un señor que miraba la escena del sospechoso vehículo les
comentó algo desde lejos que no alcanzó a ser oído.
- ¿Cómo dice señor? - preguntó el comisionado.
- Digo que para mí era un secuaz de Gatúbela - sugirió él mientras se
acercaba
- Sucede continuamente, los villanos nunca andan solos.
- Y usted cómo sabe eso. ¿No será...
- ..Batman? - y no paró de reírse - Claro que no – concluyó haciendo notar
su pobre estado físico. Aunque se vestía con estilo. Traía un paraguas.- Son
sólo hipótesis.
- Disculpe entonces, no debí apurarme en sacar esas conclusiones.
- No se preocupe, no me sentí ofendido, a quién no le gustaría ser Batman,
según sé tiene mucho éxito con las damas, me ha llegado el rumor de que
tiene una historia con Gatúbela.
- ¡Tal como lo dije yo! – festejó el Jefe
- Deje los rumores de lado, Jefe.
- Y siguiendo con los rumores, he oído que también existe algún tipo de
relación algo pervertida entre él y.. Robin – propuso el caballero.
- ¡Sí, sí! - gritó el Jefe fuera de sí, como si se tratara algún tipo de
venganza personal - ¡Estoy seguro!
- Por favor - dijo el comisionado indignado - No empiecen con boberías,
después de todo lo que hace Batman por nosotros, y ¿cómo se lo agradecemos?
Además hay damas presentes.
- No se preocupe por nosotras, buen hombre - contestó la mayor de las
señoras - Ya estamos acostumbradas a este tipo de idioteces.
Se oyó una tremenda explosión a lo lejos. Se llegaba a ver la enorme nube de
humo en forma de un gran hongo. Inmediatamente pasó un hombre corriendo en
dirección a ese impresionante espectáculo. El jefe lo persiguió y,
extenuado, logró alcanzarlo con el último suspiro.
- ¿A dónde cree que va? Seguro usted es un villano, confiese, ¿qué es lo que
ha hecho Gatúbela?
- No, no, espere. Es un error. – le suplicó - Yo sólo soy un hombre común.
Quiero ir a ver la explosión.
- No lo haga, señor. Puede ser peligroso.
- ¡Por favor! – rogó – ¡Estoy tan aburrido!
- He dicho que no, quédese aquí con nosotros.
- Nunca me dejan hacer nada – dijo entre dientes y se sentó con una clara
expresión de fastidio.
Una de las señoras retomó la conversación anterior.
- Esto me recuerda, ¿saben a quién vi el otro día? Al Guasón. Entró como si
nada a una peluquería, no paró de burlarse del dueño del local, decía que no
tenía estilo.
- Eso es imposible – contestó el Comisionado.
- No señor, yo lo vi con mis propios ojos, aquel comerciante se vestía muy
mal.
- Me refiero a que el Guasón está preso. ¡Maldita sea, ha escapado! Sabía
que esa prisión era muy vulnerable. Recuérdenme darle aviso a Batman.
- ¡Basta! – gritó el Jefe – Ya no lo soporto más. Batman esto, Batman
aquello. Siempre es él el que tiene que luchar contra el crimen, ¿acaso
estoy pintado? Yo me encargaré del Guasón.
- Bueno, está bien. – dijo el comisionado intentando esconder su sonrisa.
- ¡Ya van a ver! Y acuérdense de mí cuando descubran que yo tenía razón con
respecto a la extraña relación de esos “Superhéroes”.
- ¿Otra vez con eso? – lo retó el comisionado. – Este es un claro ejemplo de
celos. Hágame un favor y vaya a ver qué sucedió.
- Yo me voy a mi casa – dijo el hombre que fue sentado y se retiró pateando
una piedra.
- Nosotras deberíamos irnos también – informaron a coro las señoras. – Ya es
tarde.
- Mejor acompáñelas, Jefe. – ordenó el comisionado.
- ¡Claro! Sólo para eso sirvo.
- Vamos, Jefe, no se ponga así, todos creemos que usted es muy importante en
esta ciudad, ¿no es cierto? – y miró a las damas para que lo ayudaran en su
claro objetivo de reanimarlo.
- Sí, seguro - respondieron todas - ¡Qué haríamos sin usted! – remataron de
forma exagerada.
- Varias cosas, supongo – se burló una de las señoras por lo bajo.
- ¡Cómo ha dicho! - gritó fuera de sí el Jefe
El hombre que todavía estaba allí observando la escena con su paraguas,
irrumpió:
- Tal vez el señor que acaba de irse tenía razón al intentar ir a ver la
explosión.
- ¿A qué se refiere? - preguntó extrañado el comisionado.
- Es decir, ¿qué estamos haciendo? Lo único que mantiene viva a esta ciudad
son las proezas de Batman, creo que si no fuera por las fechorías de los
villanos este lugar sería completamente aburrido. Piénsenlo, no hacemos otra
cosa que ir de aquí para allá, nos bajamos y subimos de los rascacielos.
Constantemente organizamos festivales sin demasiada importancia. Creo que en
nuestros adentros incluso deseamos que Gatúbela robe importantes joyas, o
que el Guasón se escape de la cárcel. Mírense, no hacemos otra cosa que
hablar de eso. ¿Sobre qué conversaríamos sino?
- ¿Pero cómo se atreve a tratarnos de cómplices del mal? - se indignó una de
las damas - Usted es un absoluto insolente, ¿acaso no tiene...?
En ese momento llegó desde los rascacielos el dúo dinámico. Las ropas de
Batman se notaban rajadas y su boca manchada con lápiz de labio. Robin
estaba herido. Con ellos se encontraba el hombre que supuestamente se había
retirado a su hogar, cabizbajo y apenado.
- ¿Que sucedió? – preguntaron todos entupefactos.
- Jamás me he visto tan cerca de la muerte – meditó serio Batman – Pero no
se preocupen, he recuperado la joya. Y tú (al hombre que estaba con ellos)
no vuelvas a hacer una cosa así, podrías haber estropeado todo, Recuerda que
la curiosidad mató al gato.
- O más bien a la Gata. – agregó Robin, provocando sonrisas en su público y
furia en el Jefe
- Lo sé, lo lamento. – se disculpó el señor.
- ¡A la baticueva, Robin!
La heroica pareja se retiró velozmente en su vehículo. El cielo se vio
iluminado nuevamente por la señal murciélago, aunque esta vez sólo para
elevar el autoestima del héroe nocturno.

Ezequiel Damian Mareco