Escribir una historia sin usar palabras que lleven acento.
Vivir en cantidad
Patricio sale de su casa muy poco. Casi nada.
Para proveerse de alimento y otros suministros cuenta con la
ayuda incondicional de Modesta, vecina del cuarto A.
Modesta es la bondad andante. Por las mañanas y las
nochecitas toca a su puerta para saber si precisa algo: Pero no
es molestia, señorito, si es un minuto: yo bajo, doy la vuelta y
enseguida tengo el supermercado, el lavadero, el quiosco. Y
Patricio agradece tanto esa forma de atenderlo, esa forma en
definitiva de comprender su imperiosa necesidad de no salir a
la calle.
Modesta le lleva el diario todas las mañanas (compra infaltable).
A lo largo de los años, Patricio se hizo especialista en las
encuestas, diagramas, infogramas, esquemas y cuadros de doble
entrada sobre las costumbres y deseos de los argentinos.
Es que, al final, la vida no es otra cosa que un procesamiento
de datos, teorizaba Patricio en voz alta mientras degustaba jugo
de naranja.
Esto pensaba y esto era, en gran parte, su vida.
Veintiocho mujeres
Diez enamoramientos
De esos diez, tres fueron con convivencia en su casa o en casa
ajena
Con cuatro solamente besos de lengua y/o piquitos
Con las otras catorce fueron experiencias sensuales y sexuales
Esas catorce experiencias se desdoblaron en, aproximadamente,
ciento veinte polvos
De esos ciento veinte polvos, un ochenta por ciento concluyeron
con orgasmos de ambos, el resto no
Del veinte por ciento de goce desigual, un tres o cuatro por
ciento (tal vez menos) fueron apurones de Patricio cosas de
adolescente inseguro.
Sentado en la mecedora del living, descansaba unos segundos y
continuaba repasando los obsequios consagrados a cada una de
las veintiocho mujeres:
Flores
Velas
Discos
Libros (novelas, historietas, uno de autoayuda, tres memorias de
escritores famosos)
Cacharro artesanal
Pollera de cuero
Sahumerios
Corpiño sexy (con la bombacha tuvo dudas)
Vinos
Caleidoscopio (Marta adoraba esos chiches del siglo diecinueve)
Cenicero
Chocolates
Entradas al cine, teatro, parque de diversiones, un circo ruso y
otro rumano
Elefante verde de peluche
Muñeca inglesa que cantaba temas de los Beatles cuando le
apretaban la panza
Short de cuero
Horas y horas y horas se pasaba confeccionando listas y cifras
de personas, escenas, objetos, sentimientos y pensamientos
desde el inicio de su existencia hasta la actualidad.
En su tranquilo pasar, lo reconfortaba saber que Modesta
estaba para ayudarlo indefinidamente. La prueba de su profundo
agradecimiento era que ella estaba a un paso de incorporarse a
una de sus listas: la de mujeres mayores que lo protejieron, o la
de amigas extranjeras (Modesta era peruana), o la de personas
que adivinan exactamente lo que desea, o la de personas que ve
con frecuencia en la semana, o la de seres queridos que alguna
vez van a morir, o la de personas que no van a conocer sus
futuros hijos, o la de personas que van a criar a sus hijos, o la de
nombres para sus hijos (Modesta es un nombre tan lindo).
ALEJANDRA
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