11.6.05

Cuento sobre algo (Extracurricular)

Aquel martes a la mañana comenzó el día. El sol se asomó a una hora y así
se iluminó la ciudad. La radio anunciaba, en una radio-frecuencia
específica, cierta temperatura y pasaba canciones de unas bandas de música,
mientras comunicaba las noticias actuales. Un señor se levantó de su cama,
ingirió unos alimentos, tomó un tipo de bebida y fue rumbo a su trabajo,
donde debía hacer cosas para recibir dinero y así mantenerse a él mismo y a
otras personas. En la parada de aquel colectivo que debía tomar se
encontraban dos señoras de determinada edad, con sus respectivos nombres.
Hablaban sobre algo relacionado a su tipo de vínculo. El colectivo llegó
tantos minutos después y se detuvo sobre aquella vereda. El chofer gritaba
ciertas palabras al cierto número de pasajeros que se encontraba dentro del
vehículo. Tanto el señor como las dos señoras pidieron por el mismo precio
del boleto. El colectivero les dijo algo, y un niño (que sostenía un objeto)
le respondió con otras palabras. Una anciana vestida con determinada ropa
pidió bajar en un lugar, a tantas cuadras de donde ahora estaban. Al llegar
a ese destino la señora demoró una cantidad de tiempo en descender y se
dirigió a un local ubicado entre dos calles, en cuya puerta se leía
claramente algo. Dentro, un señor con tales características daba un discurso
acerca de un tema mientras apuntaba hacia una dirección donde se encontraba
un símbolo. Los oyentes repetían algunas frases con exageradas ganas y
cantaban tonadillas propuestas por el orador. Afuera estaban sentados dos
adolescentes de cierto tipo de apariencia, manera de comportarse y de
expresarse. Se decían uno al otro palabras que incluían un vocabulario
propio de aquella clase de estereotipo al que respondían. Uno de los dos
sugirió algo y ambos se fueron hacia uno de los lados. Rato después un
policía los detuvo y les pidió - de un modo notorio - que le mostraran una
cosa. Ellos accedieron, quedaron excusados, y continuaron su marcha diciendo
cosas con un sentimiento profundo de algo. A una establecida distancia un
auto se movía a cierta velocidad. Un tipo de ave emitía cierto tipo de
sonido sobre una especie de planta. Paralelamente, el comerciante de un
negocio le vendía una cosa a un consumidor, quien al instante se quejó sobre
algo, pagó una suma de dinero y se fue. Fuera del local, una persona de uno
de los dos sexos lo detuvo para indagarlo. El indagado contestó con unas
palabras y números que dejaron al interrogador de una manera tal. Todos los
ciudadanos continuaron con sus cosas y sus diálogos sin prestar atención. En
un horario en especial ya era tarde y el día llegaba a su fin. La gente,
apurada, comenzaba a destinarse a distintos lugares (algunos hacia el mismo)
mientras hacían gestos y comentaban los últimos vocablos de aquel tranquilo
martes. Yo por mi parte, agotado, me fui a acostar sin decir absolutamente
nada, para entonces levantarme a una hora prefijada al día siguiente con la
consigna de realizar ciertas actividades.

Ezequiel Damian Mareco