10.6.05

consigna: repetir en cada frase creando la propia consigna

PINTOR

"Más vale pájaro en mano que cien volando" se dijo Arévalo para sus
adentros y tomó los $ 150 y se los guardó.
Hubiera deseado más, pues el esfuerzo realizado así lo demandaba pero hizo
caso omiso a su ambición, metió violín en bolsa y se marchó.
El cuarto había quedado terminado en tres días como le había encomendado el
dueño, es mas, con dos manos de pintura estaba bien pero él le dió una
tercera por las dudas y así se convenció que el trabajo había quedado pipí
cucú.
Estaba llegando a su casa, serían las 6 de la tarde cuando al pasar por un
campito se detuvo a mirar un partido de fútbol.
-¿Puedo entrar? fue su pregunta tímida y, al tener la aprobación de uno de
los muchachos quien justo acababa de rechazar una bola envenenada enviada
al segundo palo, de inmediato se metió en la cancha.
-Jugá para nosotros que nos falta uno, le dijo un pelilargo con cara de
indio y que por lo que se veía repartía a diestra y siniestra, y así
nuestro amigo el pintor se dispuso a batallar en favor de su equipo.
Flacucho, pelo duro como engominado peinado con un Mascardi negro de telo
barato y con mocasines lo pusieron para que haga bulto en el medio, otra
cosa no se podía esperar de él. Pero contra todos sus pronósticos le
erraron fiero.
Porque de entrada nomás se anotó un poroto. Dejó desairados a dos gordos y
yéndose por un lateral despachó un centro que, por los efectos del viento,
se fue cerrando (la pelota, claro) para terminar incrustada en un ángulo
imposible de llegar para el arquero. 1 a 0 y a cobrar - se relamió -
Todos, incluso los de su propio equipo pensaron... culo, el viento, ese gol
no lo hace más ni aunque se quede practicando un año seguido.
Siguió el encuentro y no va nuestro amigo, se para de 8 y enfila para el
arco a pura gambeta. Los guadañazos que recibió ese cristiano se parecían a
las murras que pegaban Biaín, Higuaín y Hrabina jugando para el San Lorenzo
del ´84.
Así y todo pudo llegar hasta el borde del área y se dejó caer.
Se armó un quilombo de la gran puta porque en verdad no había área
demarcada y empezaron a los empujones los unos con los otros. Que fue
penal, que no, que se tiró, que al final resultó ser un sucio de mierda,
etc.
Se fueron a las manos, se suspendió el partido y encima el turro en un
descuido de la muchachada se afanó la pelota.
A todo eso ya se habían hecho las 7 y pico y comenzaba a anochecer.
Pensó "que lindo, me hice unos manguitos, jugué un picadito, se cagaron a
trompadas y ahora me voy a casita a comerme unos fideos.
Seguro que se pegaron, porque a la Norma siempre le pasa pero no importa".
Se apuró un poco y tomó el blanquito a Quilmes.
Se quedó dormido en el último asiento.

Daniel Di Geronimo