consigna: no citar ninguna persona
FLIPPER
Displicentemente se coloca la ficha en la ranura de la máquina, se espera
que ésta accione el mecanismo necesario para hacer aparecer la bola y
mediante señal sonora nos disponga al juego.
El launcher oficializará de punto de partida para que, a toda velocidad la
bola salga disparada hacia un sinfín de obstáculos y de agujeros.
Los ojos seguirán atentamente el recorrido loco de esa bola desquiciada y
los oídos oirán (valga la redundancia) todo tipo de sonidos extraños
programados por algún vivo (*) o vaya a saber uno por quien.
Las manos firmes al costado de la máquina estarán atentas a impedir la
caída de la maldita bola ya sea por el centro o por los costados. Moverán
violentamente el casco del aparatejo pero siempre cuidando que el temible
cartelito de "tilt" culmine con las aspiraciones de quien las porta.
El objetivo es romper el record, de eso se trata, para luego seguir en caso
de éxito con el propio y así sucesivamente.
Horas, tardes, noches enteras se puede pasar frente a la maquinola meta
ficha y ficha y, si alguien osara interrumpir tamaño emprendimiento se lo
mirará de reojo con cara de "aléjate imbécil" y se proseguirá con la tarea.
La cerveza estará ahí, esperando, al alcance de la mano y con solo hacer un
chasquido con los dedos y mover uno de ellos, el índice por ejemplo, en
forma circular en señal de "otra" se estará dando instrucción para un nuevo
trago que aliviane la sed.
No es cuestión de matar el tiempo, no, es disfrutar, es sentir ese ocio que
se impregna en el cuerpo como grasa y se apodera de la mente alejando los
problemas cotidianos.
No hay trabajo.
No hay mujer.
No hay piquetes ni alquiler.
No hay rumores.
No hay vejez.
No hay dinero ni acidez.
Solo se está frente a una máquina, despreocupado de todo sin saber si
afuera es noche o que.
Ah, me olvidaba, en la fonola está sonando "Un Día Perfecto" de Lou Reed
(*) guiño hacia el conductor del curso
Daniel Di Geronimo
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