Atrapados en el ascensor
Ellos estaban atrapados en el ascensor. Él era Rubén y ella era Jorgelina. Jorgelina era muy bonita. Tenía trenzas largas. Tenía un vestido rojo con lunares marrones. Tenía unos zapatos con lentejuelas. Parecía un payaso. A Rubén eso le gustaba.
Rubén era morocho. Rubén era bastante gordo. Tenía una remera que decía "Soy un número uno, así que por qué intentar más duro". Llevaba unos jeans gastados en las rodillas. Tenía zapatos sin lustrar. Parecía un tarado. A Jorgelina eso le gustaba.
Jorgelina y Rubén estaban callados, no se hablaban. En el ascensor pasaban música de Celine Dion. Rubén apretaba el botón para subir al piso 23. Lo apretaba bastante seguido. No pasaba nada. El ascensor no se activaba. Celine Dion seguía cantando.
El ascensor era de puertas automáticas. No eran puertas tijera. Era difícil ser escuchado. Era ridículo gritar ascensor. Celine Dion seguía cantando.
Jorgelina señaló una puertita. Rubén la abrió. Dentro de la puertita había un teléfono. Rubén lo descolgó. El teléfono no tenía tono. Rubén vio un cartel dentro de la puertita. El cartel decía: "ingresar la tecla asterisco para llamar al encargado". Rubén apretó la tecla asterisco. El teléfono seguía sin tono. Rubén colgó el teléfono. Celine Dion seguía cantando.
–Estamos atrapados –dijo Jorgelina.
–Atrapados en el ascensor –replicó Rubén.
–¿Qué hacemos? –dijo Jorgelina.
–No sé –replicó Rubén.
–Si querés podemos coger –dijo Jorgelina.
–Sería medio un cliché –replicó Rubén.
–Entonces te parezco fea –dijo Jorgelina.
–No, nada que ver –replicó Rubén.
–Bueno, entonces cojamos –dijo Jorgelina.
–Bueno, está bien –replicó Rubén.
Jorgelina y Rubén cogieron. Jorgelina tenía tres preservativos. Jorgelina y Rubén cogieron tres veces. Celine Dion seguía cantando.
El ascensor era un asco. Había tres preservativos llenos de esperma tirados en un rincón. Había una montaña de ropa tirada en otro rincón. Había cuatro zapatos tirados en otro rincón. Había dos personas desnudas paradas en otro rincón. No quedaban rincones vacíos en el ascensor.
Celine Dion seguía cantando.
Martín Hartmann
Rubén era morocho. Rubén era bastante gordo. Tenía una remera que decía "Soy un número uno, así que por qué intentar más duro". Llevaba unos jeans gastados en las rodillas. Tenía zapatos sin lustrar. Parecía un tarado. A Jorgelina eso le gustaba.
Jorgelina y Rubén estaban callados, no se hablaban. En el ascensor pasaban música de Celine Dion. Rubén apretaba el botón para subir al piso 23. Lo apretaba bastante seguido. No pasaba nada. El ascensor no se activaba. Celine Dion seguía cantando.
El ascensor era de puertas automáticas. No eran puertas tijera. Era difícil ser escuchado. Era ridículo gritar ascensor. Celine Dion seguía cantando.
Jorgelina señaló una puertita. Rubén la abrió. Dentro de la puertita había un teléfono. Rubén lo descolgó. El teléfono no tenía tono. Rubén vio un cartel dentro de la puertita. El cartel decía: "ingresar la tecla asterisco para llamar al encargado". Rubén apretó la tecla asterisco. El teléfono seguía sin tono. Rubén colgó el teléfono. Celine Dion seguía cantando.
–Estamos atrapados –dijo Jorgelina.
–Atrapados en el ascensor –replicó Rubén.
–¿Qué hacemos? –dijo Jorgelina.
–No sé –replicó Rubén.
–Si querés podemos coger –dijo Jorgelina.
–Sería medio un cliché –replicó Rubén.
–Entonces te parezco fea –dijo Jorgelina.
–No, nada que ver –replicó Rubén.
–Bueno, entonces cojamos –dijo Jorgelina.
–Bueno, está bien –replicó Rubén.
Jorgelina y Rubén cogieron. Jorgelina tenía tres preservativos. Jorgelina y Rubén cogieron tres veces. Celine Dion seguía cantando.
El ascensor era un asco. Había tres preservativos llenos de esperma tirados en un rincón. Había una montaña de ropa tirada en otro rincón. Había cuatro zapatos tirados en otro rincón. Había dos personas desnudas paradas en otro rincón. No quedaban rincones vacíos en el ascensor.
Celine Dion seguía cantando.
Martín Hartmann
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