20.5.05

Un día en la vida de... “un Médico”

Alejandro J. Cura

Me dedico tiempo completo a la gente que acude a mí con sus problemas, sus quejidos, sus dolores. Su virtud es la paciencia, pues para que les de mi atención deben esperarme, y mucho, porque soy el mejor, el especialista más grande de esta ciencia de este lado del Río.
Arranco temprano a la mañana, y la encargada de los enfermos hace pasar al primero en la fila de los armados de paciencia. Me cuenta sobre las señales que llegan a su cerebro desde zonas de su cuerpo bajo presión, desde músculos diminutos que claman por más espacio, desde capas internas de la piel que piden alivio.
Y les sugiero incorporar regularmente a su organismo ciertos compuestos químicos que interfieran en la recepción de esas señales. La persona armada de paciencia se lleva un autógrafo mío, que le doy junto al nombre del compuesto que le toca en gracia.
Y pasa el próximo. Y el siguiente.
Avanzan los minutos y voy despachando seres que van perdiendo la paciencia.
En una pausa, un joven, una valija me quiere convencer de los avances comerciales de ciertos nuevos compuestos químicos. La charla se deriva, cine, futból...
Y nuevamente la vorágine de seres de paciencia, que me miran a lo alto, como un brillo en el cielo, brindándoles mi arte, mi ciencia, mi alivo.

Traumatólogo Superstar

16/4/05