20.5.05

Tutti Marcelo

30-04-05

11 Consigna: “Engordar un texto”

Marcelo Sasso

Te vi y me fui

Te ví sentada en una mesa del bar en el que yo solía parar. Lo que estabas haciendo me resultaba francamente irritante: juntabas margaritas del mantel.
¡Que clase de estimulante tiene que tomar una persona para intentar recoger un conjunto de figuras estampadas en un retazo de tela!

Ya se que te traté bastante mal. La violencia física no debe emplearse contra una mujer y menos aún si está tan drogada como vos lo estabas ese día, balbuceando incoherencias tales como “no se si eras ángel o un rubí”, o idioteces por el estilo.
Yo no era ni una sustancia angélica ni una joya invaluable. Yo era sólo una persona que quería tomar un café en el bar en el que solía parar.

Simplemente te ví, y me dieron tanto rechazo tus dislates con el dibujo del viejo mantel, que, antes de cometer una locura, me fui.

07-05-05

12 Consigna: Poner una misma palabra en cada oración.

Marcelo Sasso

Relato medio parecido a una canción de Blades

Miles de veces le dije a ella que no se metiera en el medio de los problemas, ya que hay cosas que cuando empiezan es difícil que terminen bien. Pero medio sin querer se fue adentrando en la oscuridad, con las llaves en la mano, como saboreando los olores del hogar, el perro, el jardín, la comida recién hecha. Cometió la imprudencia de cruzar por el medio de la calle, cosa que no se debe hacer, aunque a esa hora, era un pecado menor, ya que no había autos ni siquiera en la avenida. (Recuerdo la última vez que la ví: me dió un beso antes de irse, y la promesa de que a su vuelta nuestra historia renacería.)

En el medio de la noche, mientras todos dormían, surgió una sombra acechante. El tipo merodeaba, husmeando, a medio camino entre un hombre y un perro, la posible víctima que el destino le ofrecería. El frío le había puesto medio litro de vodka encima. (El patrullero tenía que pasar por esa zona, pero dejó la recorrida a medio hacer, atraído por unas pizzas mas tentadoras que el servicio a la comunidad.)

Mientras el tipo se acercaba, pensó: “Creo que no medí o no ponderé con exactitud el peligro que implicaba esta noche cerrada de invierno”. También pensó que si hubiera escuchado mi consejo, mañana no sería una noticia efímera mas en los medios de comunicación.

Se encontraron la sombra y ella, y no medió palabra alguna: la hoja del cuchillo y la carne sangrando fueron las únicas voces autorizadas. El tipo la partió al medio de un cuchillazo. (La muerte es una de esas cosas que no tienen remedio.)

04-06-05

17) Consigna: Escribir un texto sin acentos.

Sin acentos

Marcelo Sasso

Comienza la jornada. No es ni tarde ni temprano. Es la hora justa. La de siempre. Me lavo los dientes. No todos. Solamente los impares empezando a contar por el primero de abajo a la derecha. Es para no exagerar. Desayuno un cortado con medialunas. Con sacarina y sin medialunas. Salgo a tomar el colectivo. Viajo bien. Sin apretujones. Incluso, van todos sentados, menos yo. A mitad del viaje, se desocupa un asiento. Me siento a medias, con una nalga, no con las dos. Es para evitar sobrecargas sobre la propiedad privada ajena, ya que estoy algo gordo (no mucho). El clima es agradable. Hace veinte grados, hay un viento suave. Sin querer ya se pasaron tres horas de mi vida despierta. Llego a la oficina. No pasa nada que difiera de lo que siempre ha pasado. Las tapas de los expedientes siguen siendo verde claro algunas, otras rosadas. Los compañeros mas o menos eficientes lo siguen siendo. Los levemente retardados coinciden con los anteriores en continuar manteniendo los rasgos que siempre los identificaron, si bien el cotejo entre sus caracteres los coloca en planos opuestos. Ya se fueron otras ocho horas. Si sumo las dos del viaje de vuelta, encuentro que estoy transitando la noche.

Es todo tan apacible que en cierto modo me pone nervioso. Pongo un compacto de new age. Pero no me sacude ni un pelo. Y no porque no tenga pelos, sino porque cuando le busco alguna regularidad musical, no la encuentro. Pruebo con un dos por dos, un tres por cuatro, un diecisiete por ocho. Pero nada. Esto parece contener 440 tiempos, todos juntos e iguales. No me permite ni mover el piecito para seguir un ritmo. (Al terminar la pieza musical, tras dos horas, la puse de nuevo, y ni siquiera el primero de los 440 tiempos sonaba mas fuerte que los otros).

Finalmente estoy alterado. Estoy destrozado de los nervios. Me tomo cuatro pastillas para dormir. La tierra ya hizo su rutinario ciclo alrededor del sol, y ni un nuevo color o una variedad o una comida irritante o un terremoto escala cuatro, me fueron deparados.

Antes que el remedio haga efecto durante la madrugada, y me engañe algunas horas para terminar dejando mi vida en una nueva jornada de estas, tomo la escopeta del ropero y la descargo en el paladar. Mi amesetada existencia en el momento final encuentra una cumbre, un estruendo, un color rojo fuerte saliendo a borbotones, un extremo, un acento.

El final de mi aletargada vida fue así.

19) Destino

Marcelo Sasso

Es mi cumpleaños 34. Lo festejamos en la casa de mis padres. Voy hacia allá. Subo al colectivo. Pido “uno de ochenta”. La máquina me ordena: “Indique su destino”. Señalo el paredón del cementerio, y le digo: “mi destino es, como el de todos los hombres, la muerte”. El colectivero me dice: “Pibe, poné las monedas de una vez que hay gente que quiere subir.” Le contesto que no me interrumpa, que cuando termine de contestarle a la maquinita, voy a cumplir con la orden suya de introducir dinero en ella, la cual fue posterior a la que me dio el aparato. Prosigo: “Te decía que mi destino es morir. Sé que si creo que tengo alguna libertad para algo, podría a lo sumo intentar apurarla. El suicidio es una puerta que está siempre abierta...”

Me parece que la charla no resulta del todo edificante para ella, porque se queda sin palabras. Le pido que me perdone, pero que eso es lo que pienso, y que presiento que no es una mera imaginación mía, ya que, efectivamente, he visto morir mucha gente, y eso me demuestra que estamos casi ante una ley de hierro.

De repente ella retoma la palabra: “Su tiempo ha terminado”. En ese momento, el colectivero, con la ayuda de varios pasajeros, me arroja por una ventana. Salgo volando, y un auto que venía atrás, si bien permite que mi cuerpo aterrice en el asfalto, no lo hace sino después de pegarme un voleo que me lleva unos veinte metros adelante del destino imaginado originalmente por el iracundo colectivero cuando me lanzó por la ventana.

......

Me aproximo al famoso lugar de la luz blanca. Escucho una voz lejana y celeste haciendo un pedido: “uno de treinta y cuatro”.

02-04-05

02 Consigna: Cuento con 30 palabras

30 palabras

Estaba solo en casa. Quería escribir un cuento de treinta palabras.

Comencé escribiendo: "Estaba solo en casa. Quería escribir un cuento de treinta palabras." Era un gran desafío.

No pude.

Marcelo Sasso

16-04-05

07 Consigna: Inventar la consigna

Desfile de modelos

Michael Corleone. Su baja estatura, la única mujer que se le conoce en su exilio siciliano, la única que se le conoce en su american life...

John Doe. Su destreza técnica para mantener a un tipo en muerto en vida, su vómito ante el tipo que le habla del tiempo meteorológico en el subte, la idea de que no somos lo que Dios quiso que fuéramos...

Travis Binkle. Su necesidad de redimir a quien no le importa ser redimido, su porno-torpeza ante la secretaria del político, y (obviamente) el diálogo con sí mismo como otro frente al espejo...

Melvin Udall. La desesperación ante la renuncia de su camarera, su “vos haces que yo quiera ser un mejor hombre”, su gambeta a la junta de las baldosas...

El carnicero. Su cara cerrada como un puño, la vertiginosa descripción en primera persona de su
miserable vida, el disparo final...

Nota: El padrino, Seven, Taxi Driver, Mejor imposible, Solo contra todos.

Dilaciones del pensamiento antes de pronunciar la última frase

"El sueño {o la realidad, ya que nada es irreal, y todas y cada una de las cosas del mundo son, dice alguien, preciosas como la sangre que Cristo vertió por ellas [digo "alguien" porque el nombre propio de ese innombrable me agobia, y acudo al auxilio de esa minúscula palabra (aunque no hay palabras despreciables ya que todas y cada una de las cosas del mundo son, dice Borges, preciosas como la sangre que Cristo vertió por ellas) que media entre el Todo y la Nada y fue usada nada menos que para invocar a Dios] antes que el Hijo fuera a sentarse a la diestra de su Padre} ha terminado", dijo Lennon.

Nota: Es la continuación del anterior

30-04-05

11 Consigna: Cuento para completar

Marcelo Sasso

Perfección (Aldo Cánepa, autor uruguayo)

Un hombre se encontró un día en posesión de una facultad que desde su infancia había anhelado tener. ¿Por qué no sería posible, pensaba cuando tenía alguna contrariedad, que las personas y los animales y los objetos desagradables desaparecieran de mi vista en cuanto yo lo deseara?

Un muy buen día, ya casado y algo canoso, encontró de pronto que sus deseos se estaban cumpliendo totalmente. Lo notó primero, sin creerlo, en momentos en que se hallaba en su casa, recostado en un perezoso, oyendo música clásica. El mate, el termo, los cigarrillos, estaban al alcance de su mano, en una mesita baja. Sobre una repisa, junto a un florero, percibió una presencia molesta: un frasco de laxante. 'No debería estar ahí', pensó; y cerró los ojos para
no verlo. Cuando los abrió, el frasco no estaba. 'Se lo habrá llevado mi señora', fue su conclusión.

Unos minutos después llegó un amigo, y su placidez se vio interrumpida. 'Si desapareciera...' se dijo mientras lo escuchaba hablar con entusiasmo de una porción de cosas que maldito si le interesaban. Súbitamente se encontró solo en la habitación. Tuvo todas las reacciones que semejante caso imponía: se restregó los ojos, sacudió enérgicamente la cabeza, tanteó la silla en la que un segundo antes se hallaba su amigo, recorrió la casa, preguntó a su mujer si fulano se había marchado. Su esposa lo había hecho entrar pero no lo había visto salir. Finalmente se convenció de que, por increíble que fuera, se estaba realizando el más querido de sus sueños.

Unas pocas experiencias con varios objetos poco útiles lo convencieron en forma definitiva. Recobró la serenidad. 'Debo aprovechar esta capacidad increíble, sin dejar saber a nadie que la poseo. Así llegaré muy pronto a la felicidad más completa'. Continuó escuchando música sinfónica en la misma habitación, recostado en el mismo perezoso, con una placidez a la que ahora se agregaba una nota triunfal. El mate y los cigarrillos sabían mejor que nunca. Hasta que se acabó
el agua del termo y debió pedirle a su mujer que le calentara más.

Volvió ella con el termo lleno, pero en lugar de continuar con sus quehaceres se quedó contándole algunas nimiedades que no le permitieron gozar adecuadamente de la música y, como otras veces, lo fastidiaron. Apenas lo hubo pensado, su esposa desapareció. 'Mejor; así no me molestará más', pensó tras un breve instante de pánico. Y continuó con la audición, el mate y los cigarrillos. Todo era perfecto en esa habitación: ni una sola nota discordante.
....................................

Pero sonó el despertador, y el General Videla despertó de su sueño. Era la madrugada del 24 de marzo de 1976. La jornada que comenzaba (y las venideras) serían agotadoras...

14-05-05

14 Consigna: Relato sin personas.

Génesis interruptus

Tras infinitos siglos de impotencia, solo en el Universo, sin haber hecho nunca nada mas que transcurrir inútilmente, descubrió, de golpe, que podía.

Empezó por los cielos y la tierra, separó la luz de las tinieblas, y vio que eso era bueno. Al día siguiente se concentró en la tierra y la apartó de las aguas. También vio que eso era bueno. Los tres días que siguieron se ocupó de los pajaritos, las flores, las montañas, las estrellas, y de las innumerables cosas que desparramó por los recién inaugurados espacios celestes, terrenos y acuáticos. "Todo esto está buenísimo" -pensó.

Pero tras una eternidad de impotencia, ponerse a hacerlo cinco días seguidos, es, por lo menos,
imprudente. Ocurrió lo esperable: acabó antes. Todavía le quedaban cosas por hacer, pero desde ese sexto día, y para siempre, descansó.

Marcelo "Belcebú" Sasso

14-05-05

14 Consigna: Fábula con 4 animales (con o sin moraleja)

Marcelo Sasso

1

Un oso vivía en el bosque, vivía contento y se la pasaba caminando. A la noche, descansaba. Hasta que un kafkiano día fue encarcelado sin saber por qué y su vida se convirtió en una secuencia de monigotadas circenses.

Había también un tigre en el circo, conformista y aburguesado, que le decía que no se preocupe, que mientras le dieran casa y comida, estaba todo bien. Al circo cayó un día un león. Estaba leyendo una carta. No le caían nada bien los latigazos del domador que explotaba su fuerza de trabajo dejando su ideal marxista en el lugar de una quimera irrealizable.

Finalmente, había un mono que se burlaba todo el tiempo del amargo destino que les había tocado al oso y al león (no tanto al tigre, que estaba viejo y le importaba todo un carajo).

En un pueblito alejado, los candados quedaron abiertos y el oso y el tigre decidieron escapar, no sin antes mancillar la lisa piel de ese mono de mierda, cuyo cuerpo recibió todo cuchillo y tenedor que pudieron encontrar el oso y el tigre en la cocina del circo.

Moraleja: Conocer el cancionero popular de tu tierra, puede evitar que te secuestren y/o asesinen, aún mas que los histéricos pedidos de seguridad de los oyentes de Radio 10.

2

Una osa se encontró con un perro, se aparearon, y tuvieron dos hijitos: un gato y un mamut.

Moraleja: No jodamos con la genética, que se va todo al carajo.