17.5.05

Textos

·         Andrés Wolfthal

 

Texto sin género femenino

 

Designio

 

Inspirado quizás en el deber de su creador, el señor Ignacio Corvalán formuló el pensamiento de eliminar a todos los humanos del sexo opuesto. Por un instante buscó deshacerse del martirio que le significaba derivar su poder de decisión. Él adoraba los sutiles cuerpos de los seres representantes del género femenino, sin embargo un mandato superior lo obligaba a cumplir. Quiso convencerse de que podía controlar su destino; de que era un hombre libre. Pero el hecho de que repentinamente se encontrara en lugares y eventos desconocidos, a los cuales arribaba sin poder explicarse cómo ni por qué, anulaba sus impulsos de levantamiento. Un mediodía de abril en el que, triste y deprimido, fue a visitar a un amigo buscando apoyo emocional y, por qué no, un desenlace diferente al que, inevitablemente, se aproximaba, entró en shock al enterarse de que su potencial consejero era un subordinado más; ¡y del mismo creador!. “Pero ¿realmente sos un invento suyo?”, le preguntó. “No sólo fui creado por él, sino que además fui creado recién. Todos los años de compañerismo son un engaño, un producto teórico. ¿No te avivás, gil, de que vos también fuiste creado recién, sólo unos segundos antes que yo?”. Respondió  el muchacho sin nombre. Cabizbajo, sí, pero también pensativo, abandonó Ignacio el falso departamento de su falso amigo. Caminando por el cordón de un bulevar, pensaba que los sucesivos pasos que estaba dando escapaban a su control. Un sudor frió se deslizó sobre su rostro al concluir que sus pensamientos tampoco eran motivo de un trabajo mental propio. Se replanteó todo su pasado, del cual no pudo rescatar recuerdo alguno por el carácter ocioso su creador, quien no quiso construírselo. Parecía que el futuro, el destino, lo que en principio le preocupaba, ahora pasaba a un segundo plano, desplazado por el interrogante de su Ser: “si soy un producto manipulable, sólo podré liberarme eliminando a mi creador. Los derechos de autor se encargarían del resto, y yo sería libre”, se dijo a si mismo. Luego repasó el concepto, y entendió que el deceso del creador dependía de un improbable acto fortuito o implicaba, necesariamente, el suicidio. Además, de ocurrir lo improbable, él mismo moriría (o, de no ser así, al menos quedaría congelado).

Debo informarles que Ignacio ha muerto. No quisiera precisar detalles. Sólo diré que yo mismo lo maté al entender que era un engaño para evadir mi propio perfil paranoico y mi sentimiento hacia el género femenino, al cual odio a pesar de adorar los sutiles cuerpos de quienes lo integran.

 

 

 

Cuento en treinta palabras

 

No aprendió

 

Vio el semáforo. Iba a cambiar en cualquier momento. Se apuró. Los motores comenzaban a levantar revoluciones. Mirando a los conductores empezó a correr. Excepto por el camionero, nadie avanzó.

 

 

 

Métrica del poema “Rosa blanca”

Rosa, ¡basta!

 

Callate vieja, tengo

las bolas por el suelo.

Pará.

Cerrá el hocico, loca.

Así

me duermo hasta la boca

 

Parla sin fin

como una

cotorra.

Somnolencia

sin

par.

Noche de faso y curda

me deja al fin

el hígado nocaut

 

Y esta vieja me cuenta

su rollo personal.

Y yo la escucho incrédulo

de la suerte que tengo,

¿por qué no callará?

 

Final del recorrido.

Pasá,

le digo en tono áspero.

Sonríe y se va.

 

 

 

Palabra repetida en  todas las frases

Esa es la cuestión

 

Iluminado por una capacidad racional, el hombre se ha planteado, a lo largo de la historia, diversidad de cuestiones. Algunas, finalmente develadas con éxito, y otras signadas por constantes fracasos en la búsqueda de respuestas. El desarrollo de algunos de estos interrogantes es guiado por una necesidad genuina de conocimiento. Por su parte, existen otras preguntas que cuadran en un marco lógico, pero sólo resultan juegos; no implican una voluntad verdadera de descubrimiento, sino que son un medio de auto-adulación. La diferencia entre unas y otras es muy difícil de determinar por medio del contenido intrínseco de la pregunta, ya que lo que para unos es interesante, para otro no lo es.  Por lo que casi todo queda relegado a la forma. Por ejemplo, deberían ser descartados los enunciados de aquellos que preguntan mientras se rascan la barbilla o se quitan los anteojos. Tampoco hay que dar por válidas las preguntas que hace el hombre que, con los brazos cruzados, se recuesta lentamente sobre el respaldo de la silla mientras habla. Por supuesto, es per se refutable la  pregunta que es en realidad una respuesta con signos de interrogación.

El semiólogo alemán Hans Jürgen Freddel tuvo a lo largo de toda su vida un particular interés por las preguntas y por lo que las mismas representan en la búsqueda del conocimiento. Su obra permaneció mucho tiempo oculta por haber sido elaborada en paralelo con las de grandes intelectuales contemporáneos, aunque obtuvo cierto relieve al explicar que “una pregunta es el interrogante a determinado asunto”. El reconocimiento, sin embargo, no fue inmediato ya que, en un principio, la frase en cuestión fue considerada obscena y, por ende, prohibida su difusión. Freddel formuló entonces una teoría influida por los valores morales, llegando a la conclusión de que “una pregunta no es más que una pregunta; es decir, una  respuesta a la necesidad de los hombres de encontrar respuestas a los interrogantes que surgen de las respuestas a otros interrogantes anteriores.”, con la cual generó admiración y confusión en hombres y mujeres, respectivamente.

A pesar de que su obra dejó una huella importante en el campo del conocimiento psicológico y sociológico, el hecho más destacable en la vida del semiólogo se da en el momento de su muerte, ante la cual decide utilizar sus últimas fuerzas repitiendo la pregunta “¿por qué?” más de 30 veces en menos de un minuto. Nunca se supo por qué lo preguntó: ¿tuvo una intención retórica o tenía realmente una duda? Por cierto, la muerte engloba una pregunta sin una respuesta concreta: ¿qué ocurre después? Muchos creen, influenciados por preceptos religiosos, en una vida post-mortem en el Paraíso. Otros, en un definitivo final por descomposición. También por su teoría sobre la muerte se destacó el alemán, sosteniendo lo que muchos temen: después del deceso hay vida nuevamente; aunque no por efecto de una resurrección mística ni por la existencia del alma eterna, sino por una prolongación de conciencia, indisociable del cuerpo. Una persona, de ese modo, permanecerá, por toda la eternidad, consciente, pero bajo tierra; aunque, sostiene, no es tan aburrido como parece. Justamente por esta teoría es que Freddel es también conocido como “el padre del pesimismo moderno”: ¿qué pasó con la otra mitad?

 

 

 

Conversación de tres

Esperando el delivery

 

 

PEREYRA: Es medio extraño todo esto

 

VARGAS: Y bueno, fue idea tuya. Sabes que no es común encontrar una pizzería en el campo.

 

PEREYRA: Cierto, pero ¿no te estabas cansando de comer siempre asado?

 

VARGAS: Un poco sí. En realidad lo que cansa en no es tanto el asado, sino la rutina. Para colmo el paisaje es muy aburrido.

 

PEREYRA: ¿Cómo llegamos a este lugar? Lo único que hay es llanura. Alguna que otra vaca de vez en cuando.

 

VARGAS: No me acuerdo. En mi último recuerdo ya estabamos acá. Vos ¿te acordás de dónde venimos?

 

PEREYRA: No. Pero me estoy acordando que yo no llamé a ninguna pizzería. La pizza la trajo ese gaucho; no se donde se metió.

 

VARGAS: Creo que está atrás del árbol. 

 

PEREYRA: ¿Y qué hace ahí? Para ser gaucho es raro. Hasta el nombre raro tiene.

 

VARGAS: Llamalo antes de que se termine la pizza

 

PEREYRA: Godot, vení a comer un pedazo de pizza. ¿La trajiste vos y no comés?

 

GODOT: Ahí voy. Tenía algunos asuntos impostergables. No había encontrado un baño en el camino.

 

VARGAS: Hay que reconocerlo. Te pasaste con la pizza.

 

PEREYRA: Si. Estabamos hartos de la carne. Menos mal que viniste.

 

 

 

Cuento cuyos verbos correspondan a la primera persona del infinitivo

Venganza

 

Sentado en la silla, amordazado y desnudo, rogó a su captor que no continuara. El antiguo método de tortura, el cual alguna vez desestimó, lo condenaba ahora. En realidad nunca reparó en sus consecuencias; nunca pensó que despertaría tal resentimiento. Con expresión agotada de tanto llorar conjeturó sobre la posibilidad de estar tratando con una mente siniestra y psicótica. Luego desestimó esa posibilidad. Y más adelante, a la luz de las evidencias, retomó su postura inicial. Se encontró entonces atravesado por un sentimiento dual. Intentó volcarse a los recuerdos para atenuar esa sensación, que lo llenaba de dolor y confusión a la vez. Recabó en su mente, encontrando el día de su casamiento, la noche de bodas y los nueve meses posteriores. Intentó evitar en ese momento que su pensamiento continuara un orden cronológico, pero no lo logró. Y así arribó, inevitablemente, en el recuerdo de la llegada del engendro al mundo. En un principio no se resignaba a calificarlo de ese modo. Pero ya nada borraría lo hecho; ya no aceptaría disculpas, aunque estaba seguro de que el engendro nunca las manifestaría. Se argumentó a si mismo que siempre lo amó, a pesar de la condición de sordomudo del ahora torturador. Quizás lo amó, pero no llegó a decodificar correctamente sus deseos y necesidades, sus momentos de alegría y sus irritaciones. Entonces se culpó por no interpretar adecuadamente las sonrisas y llantos de su hijo. Recién ahora, y sólo ahora lograba una comprensión más profunda de esa persona, a la que ya no catalogaba de engendro, sino de ser humano. Un pequeño ser humano que detesta las cosquillas y que, con una pluma le estaba pasando factura por 5 años de sufrimiento

 

 

Consigna propia

Texto en el cual cada frase incluya, en orden alfabético, una preposición y una sola

 

A correr se ha dicho. Lo digo ante mi gordura. Sabiéndome bajo esa presión, rindo mejor. Pues cabe mi nadie quiere estar. Y probé con mil dietas, algunas contra mi voluntad. De saber que no funcionarían no las hubiera hecho. Pero desde hoy todo cambiará. Voy a correr hacia el norte y el sur. Hasta que me harte. Para ver si al fin algo me da resultado. Por las dudas no digo nada más. Según los especialistas predecir objetivos cumplidos no es bueno. Pero cumpliré mi condena, so pena excarcelable. Quienes así no lo quieran deberán pasar sobre mi cadáver. Mi meta es ser esbelto, y voy tras ella.