Fabula
El Asno tenia celos del Caballo.
-Claro como es más hermoso que yo los animales lo respetan. ¿Por qué no nací Caballo?- Se preguntaba el asno. Sin embargo el Caballo envidiaba a la Cebra. -Somos iguales. Ella tiene rayas, y todos la miran con asombro. La quieren más que a mí y nadie ni siquiera sabe para que sirve una Cebra.- Se quejaba el Caballo. Sin embargo la Cebra no disfrutaba de estos beneficios.
-Todos los animales me admiran, me miran todo el día. ¿Por qué no soy un murciélago? Genera repulsión. Nadie lo mira. Tiene tan pocas presiones un murciélago.- Reflexionaba la cebra. Sin embargo el Murciélago tenia sus diferencias con el Asno.
-Es feo como yo, pero está socialmente aceptado porque trabaja todo el día. Ya va a escuchar mis verdades- amenazaba el Murciélago.
Un buen día los cuatro se juntaron para limar asperezas. El resto de los animales aprovecharon la situación. Pusieron una bomba en la reunión y acabaron con la vida de estos molestos seres.
Moraleja: Uno tiende a detenerse en problemas sin importancia y no se da cuenta que lo que se hace es perjudicar a un entorno. Y el entorno se defiende terminando con todos los elementos problemáticos. No digo que pase siempre. Lo que recomiendo es que en una situación similar analices si te pasa lo mismo que a estos animales. No creo que te vayan a asesinar. Pero tal vez tomen medidas disciplinarias contra vos y los demás implicados en la discordia. A lo mejor no. Vos fijate. Después de todo. ¿Quién soy yo para dar consejos?
Trabajo 15 Atrapados en el ascensor
Detrás mío entra al edificio Doña Marta. Camina muy lento. Igualmente yo la espero con la puerta del ascensor abierta. Se detiene para hablarle a la portera. Yo toso para que se de cuenta que tengo la puerta del ascensor abierta. Ella no me escucha. Habla con la portera, y se ríe.
-Ay, ¡qué loca que es usted!- Doña Marta se despide de la portera me mira y me dice -¿Me estabas esperando?- Yo afirmo con la cabeza. - Muchas gracias, corazón. Disculpame que te hice esperar. Pero viste como es la portera, como te da charla. Al final parece que uno le paga para hablar. Porque nunca la vi fregar el piso- Comenta doña Marta ante la atenta mirada de la portera.
-¿A que piso va?- pregunto mientras cierro la puerta del ascensor.
-Al treinta y dos- me responde.
-Se baja antes que yo- le digo al mismo tiempo que pulso el botón del piso de Doña Marta.
-¿Por qué me bajo antes?- inquiere, ella.
-Porque yo vivo más arriba- respondo.
-¿Dónde?.
-Más arriba- Contesto
-¿Pero en que piso?- insiste Doña Marta.
-En el cuarenta y tres- respondo resignado. Doña Marta sonríe por su victoria personal.
-Estamos en otoño- reflexiona ella. -Hace frió, las hojas caen de los árboles. Porque estamos en otoño. Pero antes el otoño era otoño, no como ahora que es una mezcla de primavera e invierno. Ahora que hace más frió no voy a poder salir tanto a la calle. Es una época para que vengan los amigos a visitarme. ¿Tu Mamá le esta comprando a otra los cosméticos de Avon?-.
-No compra más.- le contesto.
-Bueno decile que si le interesa algo que tengo el librito. ¿En que horario se lo puedo llevar?- intenta averiguar Doña Marta.
-No hay gente en mi casa en un horario fijo- Le miento a la señora.
-¿Tu Mamá trabaja?- Doña Marta no se deja convencer.
-Si, trabaja- corroboro yo
-¿Vos trabajas o estudias?- Pregunta ella con su tono detectivesco.
-Estudio y trabajo-.
-¿Qué estudiás?- Intenta averiguar. Me quedo callado. -Perdón, no te escuche- insiste Marta.
-Estoy haciendo un taller de dramaturgia, un taller de actuación, un taller de dirección y un taller de producción teatral-. Respondo con las mejillas a punto de explotar.
-¿Y además estudias algo?, es decir-. Marta hace una pausa y sentencia. -Algo de verdad-. Miro el indicador de piso del ascensor. Vamos recién por el diez. Falta mucho para el final del viaje.
-No, no estoy estudiando nada de verdad-. Manifiesto con mucha paciencia.
-¿Y en que trabajás?- La vecina parece dispuesta a continuar el interrogatorio.
-Estoy buscando trabajo-. Declaro intentando ponerme en actitud defensiva.
-Pero antes me dijiste que trabajas y estudiabas.- A pesar de la edad, lamentablemente la vieja tiene buena memoria. ¿Qué es lo que hacés? Continua ella. Antes de responder miro el indicador. Estamos en el piso veinticuatro. No me queda más remedio que responder y enumero.
-Estoy ensayando La Gaviota. También una obra que escribí yo. Soy asistente de dirección de Sueños de una noche de verano y trabajo en la producción de la compañía teatral Los Tori-Tori. Me salió decirle mi currículum entero. No sé muy bien con que intención. Es imposible impresionarla. Ella me mira, sonríe y lamentablemente abre la boca.
-Te doy un humilde consejo. Fijate mejor cuales son tus prioridades.
Miro el indicador de pisos del ascensor. Afortunadamente llega al treinta y dos. Algo inesperado ocurre. El ascensor parece que adquirió la personalidad de Doña Marta. Este no se detiene. Sigue de largo, pasa el treinta y tres, treinta y cuatro.
-Nos pasamos- digo.
-Tocaste mal. Seguro que para en el cuarenta y tres. Que es tu piso.- En esta frase Doña Marta resalta el tu.
Pero pasa el cuarenta y tres, y sigue subiendo. El ascensor ya paso el piso ochenta y siete, con una velocidad asombrosa. Me empiezo a preguntar si alguien lo habrá llamado o si en realidad esta descompuesto. Me imagino saliendo en la tapa de algún diario amarillo que titulara. Joven muere, acompañado con su anciana pareja, aplastado en el ascensor que choco contra el techo del edificio Me deprimo enormemente. Los últimos segundos de mi vida los voy a pasar acompañado por una vieja insoportable. Y mis ultimas palabras fueron Nos pasamos Tengo que decir algo más. Tengo que abrir la boca y decir algo inteligente por primera y última vez. Preparo la lengua. Abro la boca. Estoy a punto de emitir un sonido cuando el ascensor llega al piso ciento cinco y se detiene. Escucho la risotada de un chico.
-Debe ser el hijo de la boliviana- Doña Marta me saca de la duda- que le gusta jugar con la botonera del ascensor. No sé para que esa gente tiene hijos si después no los quieren cuidar- agrega innecesariamente ese cuadrado humano que tengo por compañera de ascensor. La vieja toca el treinta y dos.
-Pero yo me bajaba antes- le digo.
-No, querido. Yo me bajo antes. Vos me lo dijiste- me responde con dulzura ella.
-Si, pero eso era porque estábamos abajo, ahora estamos arriba.-
Hago una pausa. Se produce un silencio incomodo. Ella no lo soporta.
-Decime querido- comienza Doña Marta. -La chica esa a la que le bajaste a abrir el otro día. ¿Era tu novia?- Doña Marta se debería referir a Sabrina. Una chica de la cual estoy profundamente enamorado. Tenemos una excelente relación, nos contamos nuestras cosas, salimos y nos divertimos, nos decimos te quiero mucho sin temor a lo que está pensando el otro. Solo hay un pequeño problema. Ella no siente ningún tipo de atracción sexual hacia mi persona y por eso no me queda más remedio que ser su mejor amigo, su confidente..
En lugar de explicar todo esto simplemente afirmo. -Si, es mi novia-.
Ella decide lanzarme su opinión, siempre con todo respeto. -No parecían novios. Primero que se saludaron con un beso en la mejilla. Y después la mirada de ella. No se. Te miraba con cariño pero sin ningún tipo de deseo. Como si vos fueras un ser asexuado. Su hermano. Esa chica te debe estar por dejar. ¿Vos rendís bien? Sexualmente hablando. Sos una persona grande y puedo usar esas palabras. Yo a todos los novios que deje las razones que tuve es que no me complacían. Y es importante que una mujer este contenta en ese aspecto.- Afortunadamente el ascensor llega al piso treinta y dos. Abro la puerta .
-Más tarde te llevo el libro de Avon para que lo vea tu Mami. ¿Si?-. dice desde afuera del ascensor. Contesto por inercia, que esta bien. Cierro la puerta del ascensor. Toco el botón de mi piso y llego a la conclusión de que a partir de hoy voy a usar la escalera.
Facundo Zilberberg
(Con estos dos últimos creo que ya esta cerrada mi entrega de trabajos)
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home