17.5.05

Diálogo de a tres

El puesto

JEFE - Bueno, Ramirez. La verdad es que sus referencias son excelentes. ¿Es
todo verdad lo escrito o me ha mentido un poquito?
RAMIREZ- Por supuesto que es verdad, puede comprobarlo llamando a todas esas
personas si así lo desea.
JEFE - No se preocupe, no voy a llamar a nadie. Tal vez le encomiende esa
tarea a mi secretaria, es muy buena, ¿sabe?
RAMIREZ- No lo dudo
JEFE - Y también es muy atractiva, ¿no lo cree?
RAMIREZ - Sí, seguro, es una muy linda mujer.
JEFE- Sí, está fortísima. ¡Ese culo!
RAMIREZ - Este... claro.
SECRETARIA - Jefe, ya se lo expliqué, tiene que apagar el intercomunicador.
JEFE - De hecho, dígame Ramirez, ¿no ha notado que toda la gente que trabaja
aquí es especialmente muy bien parecida?
RAMIREZ - Bueno, hasta donde pude ver, tiene razón. Si me lo permite, creo
que usted posee un gran atractivo. Seguro que con eso me gano el puesto,
estos tipos son unos narcisistas.
JEFE - Le agradezco la sinceridad, Ramirez. A lo que yo me refiero es que si
bien es usted la persona indicada para cubrir la vacante, en esta empresa
debemos mantener un cierto nivel de presencia, good looking, ¿vio? Y la
verdad es que... bueno... ¿se ha visto alguna vez en el espejo? Es usted
completamente horrendo.
RAMIREZ - No creo que sea para tanto.
JEFE - ¡ES para tanto! ¿Cree que no? Hagamos una prueba (al
intercomunicador). Cristina traiga ese lindo culito para acá ahora mismo.
RAMIREZ - Por favor señor, no me parece que sea necesario.
SECRETARIA - Aquí estoy, jefe
JEFE - Cristina, necesito de su buen criterio ¿Qué opina sobre la apariencia
del señor Ramirez aquí presente?
SECRETARIA - Bueno, me parece que se viste muy bien.
RAMIREZ - Muchas gracias, ¿vio señor que no era para tanto? ¡Tomá, viejo
pelotudo, feo a quién!
SECRETARIA - Pero tiene una cara absolutamente repugnante. Jamás vi a
alguien tan feo, ¡pobre su madre! No quiero imaginar lo traumático que habrá
sido parir a un hijo tan horrible. Oh, disculpen mi descortesía, ¿les traigo
un cafesito?
JEFE - Para mí con edulcorante. ¿Y usted, Ramirez?
RAMIREZ - ¡Cómo que feo! No puede ser. Admito que no soy un Brad Pitt. Pero
algún punto a favor debo tener.
SECRETARIA - Déjeme ver bien nuevamente... No, no llego a observar ninguno.
JEFE - Lo lamento Ramirez, las cosas son así.
SECRETARIA - Sin embargo, si le retoco algunas partes tal vez la cosa
cambie. Por suerte llevo aquí en mi cartera el estuche de maquillaje. A ver,
quédese quietito.
RAMIREZ - ¡Por dios, todo esto es tan humillante! Pero por ahora tengo que
aguantármela, necesito este empleo, solo espero que no llamen a esos números
que dejé. ¿Quién me mandó a escribirlos? No puedo dejar de ver ese
monumental escote. ¡Qué mujer tan sensual! Esos labios, esos ojos, ojalá
fuera mi novia.
SECRETARIA - Listo, ha quedado espléndido.
JEFE - Wow, es increible. La felicito, Cristina. Hasta se parece a Brad
Pitt. ¿Vio, Ramirez? Le dije que era buena
SECRETARIA - Quedó hermoso, no lo puedo creer. De hecho creo que ahora lo
amo. Venga Ramirez, béseme de inmediato.
RAMIREZ - ¡Sí, Cristina, sí! Lo que usted me pida.
JEFE - ¡Basta! No lo puedo permitir. Esta empresa tiene políticas muy
estrictas con respecto a las relaciones románticas entre sus empleados.
Salvo por el jefe con su secretaria, por supuesto. Ramirez, queda usted
totalmente excluido del puesto.
RAMIREZ - ¿Y quién necesita este trabajo tan monótono? Ahora me voy a
triunfar a Hollywood. Adiós, feos, la próxima vez que me vean será en las
películas.
JEFE - Bien, mejor aún, váyase. Y usted Cristina, ¿dónde está ese café que
le pedí hace como media hora?
SECRETARIA - Ahora se lo traigo, jefe. ¿Azúcar o edulcorante?
JEFE - Ya le dije que edulcorante. Ahora dése vuelta, quédese así unos
segundos, y haga pasar al próximo postulante.