16.5.05

Consigna de español simple

The Cat is Under the Table


Ezequiel Damián Mareco.


El gato está debajo de la mesa. Es una mesa linda, pero un gato malo. No sabemos cómo hacer para que salga de allí. Alguna gente dice que los gatos tienen miedo de los perros. Nosotros no tenemos perro, tuvimos que elegir entre perro o gato. Y nos gustó más el gato. No porque los perros fueran malos o feos; porque tienen mal - o feo - olor. Los gatos son más limpios. No caminan entre la suciedad ni tienen bichos en sus cuerpos. Los perros sí. Las dos cosas. Una vez tuvimos un perro que caminaba entre la suciedad y ponía bichos entre sus pelos. Por suerte, un buen día, ese mal perro murió. Todos nos pusimos muy contentos y bailamos cuando el veterinario nos dio la noticia. Hicimos una fiesta en su honor. El veterinario nos agradeció, nunca nadie le había hecho una fiesta. Tampoco sus padres cuando cada año cumplía un año más. Eran padres malos, como el perro, que por suerte murió. Pero Juanita, la más chica de la familia, no estaba contenta, estaba triste. Lo cuidaba mucho a su perro, le había puesto Rocky. Rocky no era un nombre de perro, era el nombre de una comida para perros, y ella puso eso en su plato. A él no le había gustado, no comía esa comida para perros. Le gustaban las hamburguesas, las papas fritas y las milanesas. Se sentaba a comer con nosotros. Pero nosotros le decíamos que no, que no podía. Porque siempre venía todo sucio y con bichos. Él no entendía lo que le decíamos. No hablaba español. Hablaba perro. Ladraba. Guau, grrr y barf era lo que más decía. Su lenguaje parecía muy simple. Pero la verdad es que era difícil, tanto que no nos entendía y teníamos que decirle las cosas con señas, usando nuestras manos y a veces nuestras caras. Le decíamos por ejemplo que no se sentara con nosotros. Al final entendió.

En esa misma mesa donde el perro no se podía sentar porque no lo dejábamos, el gato se escondió debajo. El gato se llama Doctor Luis Alberto Pernía, porque ese es el nombre del veterinario que nos dijo "el perro murió" y nosotros respondimos "¡qué suerte!" y él dijo "son muy malos ustedes, era un perro lindo y bueno" y nosotros nos reímos porque era mentira. Las dos cosas. Nos reímos tanto que empezamos a bailar. Y entonces hicimos la fiesta. Tal vez fue por el ruido y por tanta gente en nuestra casa que el gato se asustó y se escondió debajo de la mesa. Se asustó tanto que se orinó. ¡Justo debajo de la mesa donde nosotros comíamos! No nos gustaba nada que nuestra mesa estuviera sucia, o encima de algo sucio como el pis de gato. Así entendimos la verdad; el doctor Luis Alberto Pernía era un gato malo y sucio. Como el perro, que era todo eso. Menos gato. Entonces nos
acordamos de ese perro, pero no lo extrañamos. Nos acordamos porque había muerto y eso nos hizo reír y bailar. Por eso nos pareció que era una buena idea que el gato se muriera, y empezamos a pensar en cómo podíamos matarlo. Así íbamos a poder sacarlo de ahí, y limpiar lo sucio. El Doctor Pernía (el verdadero) se asustó mucho. Tenía miedo que nos equivocáramos y pensáramos que al que había que matar era a él. Porque se llamaba igual que el gato (la verdad es que al revés). Entonces se asustó tanto que se escondió debajo de la mesa. Y se orinó. Como cuando era chico y sus padres lo retaban por ser feo y sucio. Él se escondía debajo de la mesa y se orinaba. Ahora teníamos que matar a dos doctores con el mismo nombre. La idea nos pareció tan graciosa que nos reímos y seguimos bailando con más ganas que antes. Y ya no importó que ni el gato ni su veterinario estuvieran debajo de la mesa. A
ellos tampoco les importó seguir ahí donde estaban, ni les pareció una buena idea, porque la música y el baile les gustó mucho. Entonces salieron y bailaron con nosotros. Al principio nos alegramos. Pero después ya no. Era muy tarde y estabamos cansados, no podíamos estar alegres, porque si nos alegrábamos íbamos a reírnos, y si nos reíamos teníamos que bailar. Así que le dimos las buenas noches al veterinario, matamos al gato y nos fuimos a dormir. Había que ir a trabajar al otro día. No se puede trabajar estando cansados. Teníamos que descansar. Y para eso hay que dormir. Así las cosas se hacen bien. Es muy simple.